Con vuestro permiso voy a tomarme unos días de descanso. No, de reflexión no. Digo de descanso.
El Café esta vivo y seguirá viviendo, a mi me aporta muchas cosas, pero sin duda sin vosotros esto no tendría ningún sentido.
He andado unas semanas con la enfermedad de mi madre. Y también he sentido un poco de cansancio en mi corazón y mi cabeza.
El Pessoa nunca será una obligación para mí. El Café siempre, desde mi punto de vista, tiene que ser un lugar donde acuda con ganas y por que me apetezca.
Yo os sigo visitando. No me voy fuera de momento. Quizás a finales de junio me traslade.
No quiero separarme ahora de mi hijo, que luego llega el verano, y se va al pueblo, y se hace muy larga su ausencia…
Aquí en Castellón también puedo trabajar. Dejaré el paisaje para el verano y el otoño.
El otoño da mucho de si. Los colores toman el color de la miel. Y es bonito entregarse a esos matices. Aunque no pinte figurativo me gusta arrancar esos colores y transportarlos a mi mundo.
Con el amor y la amistad que cada día me dispensáis creo oportuno deciros esto, porque habéis ganado mi respeto y mi cariño.
El pez remonta el río. Yo ahora quiero descansar incluso de ser pez. Quiero sentarme unos días en la esquina del viento y mirar al pequeño Joan. Y no pensar. Solo mirarlo.
"Me llamo isla Y mi madre es la mar. Mi padre es el viento Mi vida esperar…"
Dicen que quien espera desespera. Y tal vez tengan razón. Pero cuántas veces cuando un sueño se ha cumplido nos hemos encontrado con una decepción?
Están aquellos que esperan lo que nunca sucederá. Eso si que tiene que ser duro, al menos, cuando ya se sabe de antemano que nuestro anhelo es más que un imposible. Eso si que tiene que ser hacer de tripas corazón.
Y hay también quien espera que la justicia se resuelva en el más allá y otros, también vaya anhelos, que incluso esperan a hablar con Dios un día, ignorando que la naturaleza es injusta y que Dios nunca escucha, sólo es.
Los seres humanos establecemos tempos, (me viene a la mente aquello de que el hombre propone y Dios dispone), establecemos compases y ritmos donde forjar nuestras vidas. Dentro de esa serie de partituras que interpretamos cada día nos encontramos con esta pieza que se repite una y otra vez. Es la partitura de lo que vislumbramos. De lo que aún no es.
Todos esperamos un mundo mejor. Y eso tiene que ser así. Sería miserable concebir un mundo acabado y lleno de seres completos. Eso sería como un embalsamamiento de la razón.
Porque queramos o no, antes de lo que lo sepamos, ya se nos espera, con menos o más ilusión. Y ya antes de ver la luz, el feto espera el alimento y el desarrollo, y quizás intuya, al acercarse el gran momento, que el ritmo de su corazón y las contracciones acaban con un anhelo para empezar con otro más nuevo.